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No bien empezado el 2021, el 5 de enero, Nicolás Maduro Guerra entró al salón del Parlamento de Venezuela para ocupar su escaño en la recién elegida Asamblea Nacional. A los 30 años estaba dando un paso más en su carrera política, en la que el líder de las juventudes del PSUV ya es todo un poder. Los venezolanos le dicen Nicolasito, y también su padre el presidente, cuando aparecen juntos. El heredero no solo ha demostrado su interés en la política, también en los negocios.
Desde hace dos años el diputado de la anterior Asamblea Nacional por el estado de Bolívar, Américo de Grazia, lo llama “el rey del coltán”. Asegura que está involucrado en la explotación del mineral en el llamado Arco Minero del Orinoco. “Tengo testimonios, fotos, ubicaciones”, dijo en Madrid durante una conferencia de la Cumbre del Clima en diciembre del 2019. De Grazia, que está actualmente asilado en Italia, es un baquiano de la región, porque los 112.000 kilómetros cuadrados de esa excepcional zona minera abarcan el norte del Estado Bolívar y el sur del río Orinoco donde campea una multitud teñida de ilegalidad entre guerrilleros del ELN, disidentes de las Farc y criminales que se matan entre ellos por controlar la explotación de minerales que, como exageraba con sorna un conocedor cubren “todos los elementos de la tabla periódica”. No todos, pero sí oro, diamantes, hierro, bauxita y por supuesto, el coltán.
Nicolasito ha puesto la mira en el llamado oro azul. Es el mineral de moda porque es clave en la tecnología, se utiliza en celulares, chips, baterías eléctricas, y hasta misiles y videoconsolas, se vende a USD 360 dólares por kilo y en el mercado no se aceptan pedidos de menos de 50 kilos. El expresidente Hugo Chávez aseguraba que Venezuela tiene más de 100.000 millones de dólares en reservas de coltán.
Esas reservas están en Parguaza, una zona conocida como el cuadrante entre los estados Bolívar, Apure, Amazonas, que toca la frontera con Colombia. Y saltaron a la palestra cuando el presidente Maduro lanzó en febrero del 2016 lo que llamó el Motor Minería con el desarrollo del Arco Minero para diversificar la economía y construir un modelo pospetrolero, cuando la industria del oro negro ya había empezado su caída libre.
Al llamado respondieron empresas estatales y privadas como Faoz, Ecomine, Camimpeg, Gold Reserve y Supracal. También la Empresa Minera Ecosocialista Parguaza (Emmepsa), para en 10.000 h explotar coltán en Los Pijiguaos (Bloque 1 del Arco Minero), cuyo presidente era Félix Ángel Oliveros Alcalá, miembro del círculo íntimo de Nicolasito. El aporte de Faoz a la sociedad fue un insignificante 450.000 bolívares, y la composición accionaria quedó 55 % de la estatal Corporación Venezolana de Minería en manos de un cuestionado general Carlos Osorio y 45 % de Corporación Faoz.
En septiembre de 2017, el ministro de Desarrollo Minero Ecológico, Víctor Cano, anunció el inicio de operaciones de Parguaza, que según dijo, ya había extraído 1.000 Kg de coltán mientras calibraban las máquinas. En lo sucesivo explotaría 20 toneladas de coltán al mes. Pero cinco meses después la gerente general levantó un acta para dejar constancia que Santiago Morón, quien se identificó como “representante del Estado”, y tres más, tomaron posesión de la empresa alegando irregularidades en la explotación del mineral.
Según relata El diario de las Américas, la familia Alcalá fue despojada a la fuerza de la empresa y Félix Oliveros después de estar en la cárcel 45 días denunció las maniobras desde España en el sitio VenezuelaUsa.org. Oliveros sostiene ahora que el control total del negocio minero está en manos de Nicolasito, sus operadores los hermanos Morón y Álex Saab, -preso en Cabo Verde con orden de deportación a EE. UU.- que se encargaría de la parte internacional del negocio.
Santiago Morón Hernández es asistente personal de Nicolasito, y se desconoce si su hermano Ricardo sigue en la trama porque se fue a vivir a Bratislavia con su esposa. El departamento del Tesoro de Estados Unidos los señaló como “socios de confianza” de Nicolás Maduro y su hijo, que actúan como testaferros de sus de sus negocios, y por eso les aplicó sanciones económicas el 23 de julio de 2019.
Nicolasito, actualmente es beneficiario de la empresa Wall Marketing que extrae el coltán en Paraguaza, municipio Cedeño y según De Grazia y el exdiputado Andrés Velásquez, esas actividades que estaban en manos de los “pranes”, -exconvictos que controlan el negocio a sangre y fuego- han pasado a guerrilleros del ELN.
De la exportación del coltán venezolano se tiene noticia desde el 2018 cuando en el puerto de Trieste las autoridades italianas incautaron 5 toneladas. El 10 de mayo, mientras se encontraba en la isla de Margarita, Maduro anunció a través de la televisora estatal VTV la exportación. El envío llegó al puerto italiano sin datos del comprador ni las medidas de seguridad por ser material de bajo nivel radiactivo. Tres meses después no había noticia del cargamento incautado, escribió el periodista Maurizio Stefanini en un trabajo publicado en el diario Il Foglio, mientras la parlamentaria del Partido Demócrata Débora Serracchiani, se preguntaba “Si Italia está negociando con Venezuela a favor de Maduro y si Trieste es la puerta de entrada de estos intercambios”.
El negocio del coltán tiene más entrecijos. Según dijo De Grazia a Carlos Omobono, columnista de El Nacional, Álex Saab Saab y Nicolasito, legitiman la explotación del coltán con bitcoins a través de dos sociedades turcas ad hoc: Glenmore Proje Insaat y Marilyns Proje Yatirim, aliadas con Carbozulia y Minerven del régimen.
El delegado medioambiental para Venezuela de Juan Guaidó, también confirmó a Omobono que “Todo –con pruebas– ha sido denunciado ante la vicepresidente del Parlamento Europeo, Dita Charanzovà (República Checa) y el parlamentario europeo del Partido Popular Leopoldo López Gil”. Nicolasito, desde su escaño en el Parlamento, parece tener claro que el poder va más allá de la Asamblea en Caracas.